Algunas personas se pasan su vida tratando de evitar el dolor de ell@s mism@s y de l@s demás generando el peligro de no enfrentar los acontecimientos.
Este artículo no es un elogio al dolor.
Claro que se aprende de muchas formas, pero también se aprende de situaciones que nos generan dolor. Y muchísimo.
Señal
El dolor es una señal: de retiro, de bajar la exigencia, de necesidad de descanso, de que hay algo para procesar, etc.
Poder discriminar de qué se trata, tiene que ver con atravesarlo.
La respuesta está allí.
¿Por qué atravesar el dolor?
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Atravesar el dolor fortalece tu tolerancia.
Y con tolerancia no hablo de aguantar cualquier cosa.
En psicología hablamos de ventana de tolerancia a la capacidad de atravesar con la mayor entereza posible, las circunstancias de la vida.
Poder ver los desafíos como crecimiento y desarrollar la confianza para lo que venga.
Si no aprendemos a atravesar el dolor propio de la vida, cada cuestión que aparezca nos será intolerable, sintiéndonos desbordados con facilidad.
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Atravesar el dolor, llorar, darle un espacio, validar que no te sientes bien, es la forma que tenemos de sanar.
Lo contrario va generando un reservorio de pendientes que terminan generando tarde o temprano sufrimiento crónico, enfermedad.
Permite contactar con tus necesidades, poner límites y darte lo que necesitas.
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Atravesar el dolor nos acerca a los demás.
Ayuda a establecer lazos íntimos con las demás personas a sentirnos acompañados.
Fortalece las relaciones.
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Fortalece la empatía.
Contribuye a una mayor sensibilidad.
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Moviliza herramientas que ni sabías que tenías.
Genera movimientos que jamás imaginaste que harías.
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Liberas de cargas a la generación que viene.
Ya nadie discute que nuestra información genética contiene un sinfín de datos que se transmite de generación en generación.
Atravesar el dolor y sanarlo ayuda a no heredar cargas innecesarias.
Y ni hablar del aprendizaje que dejas en las demás personas que te rodean.
Dado que las herencias también las dejas en la interacción contigo (réplica).
Finalmente
Aun así, muchas veces “elegimos” evitar, esconder, tapar.
Con la falsa ilusión de que así dolerá menos, de que desaparecerá, de que nunca estuvo.
Y no, es todo lo contrario, más presente se hará.
