Es tan intensa la necesidad de nuestro cerebro de resolver aquello que quedó pendiente, en las mismas condiciones, que rodeamos una y otra vez la posibilidad de que se dé de esa manera.
Más allá de lo racional, más allá de lo corporal.
Las señales de cambio
Esa necesidad puede persistir como si fuera una tortura.
Pero si lo miramos desde otro lugar, descubrimos que más que un castigo, puede ser la puerta para cambiar.
Y va evolucionando muchas veces, en el enfrentamiento una y otra vez con el dolor.
Pero, el dolor acompañada genera una integración tal, que no hay vuelta atrás.
Siempre que estés acompañada de alguien presente, sostenedora y validadora.
“No quiero estar ansiosa cuando me encuentro con esa persona”
He llegado a escuchar (con otras palabras) ojalá que el sistema nervioso no me cuidara.
Pedir esto, es como pedir que el sistema digestivo no pusiera en marcha la digestión, o que el sistema cardiovascular se detuviera.
Frente a lugares, personas, espacios inseguros muchas personas piden adaptarse.
Asumiendo que esa relación no se esté dando “naturalmente”, porque poseen algún problema.
Sintiéndose complicadas enfermas, culpables.
Cuando, por el contrario, manifiestan una gran tendencia a la salud, justamente, por no adaptarse.
En síntesis
Cuando hay cuestiones a resolver, puede que vayamos una y otra vez a entornos que nos recuerdan lo primario, las mismas condiciones.
Y algo nos impulsa a ir allí. Atracción, acostumbramiento, comodidad, etc.
Pero en algún nivel aparece (no muy consciente a veces) dolor, sufrimiento, incomodidad.
Claramente, estas son señales de que debemos movernos de ese lugar.
Muchas veces, las personas interpretamos que somos nosotras las que tenemos que cambiar.
Y continuamos allí.
No podemos ir en contra de la supervivencia.
La tarea del sistema nervioso es proteger la vida.
Y todo lo que vaya en contra de esa premisa se va a manifestar a través de una incomodidad.
Y pedir que esto desaparezca, que el sistema no te alerte del peligro real, es imposible, pero además, no es sano.
Si claramene hay situaciones que pueden incomodarnos y no son peligrosas.
Claramente allí hay trabajo para hacer.
